Tareas semana 2

Para la clase 9,10 y 11
Imprimir los siguientes textos: Un macho dócil y Mi historia de violencia machista

Clase 12
Llevar de manera digital el texto "Un tranvía llamado deseo" de Tennessee Williams



Título: “Un macho muy dócil”
Autora: Clara Pérez
3 personajes:
Fausto: Hombre machista
Cantinero: Compadre de Fausto.
Mara: Esposa de Fausto.
ÚNICO ACTO
Ambientación: Una cantina
Introducción: El cantinero se encuentra limpiando las mesas de la cantina que aún se encuentra cerrada, cuando llega Fausto muy animado. 
Fausto: - (Hablando alto y muy animado): Hola compadre ¿Cómo me le va? Sírvame una copa que tengo la garganta seca.
Cantinero (Haciendo cara de pocos amigos): Compadre son las 11 de la mañana, la cantina está cerrada ¿no ve que estoy limpiando?
Fausto: -  (burlándose de su compadre): Compadre parece una vieja limpiando mesas, contrate una mujer que limpie, los hombres no estamos para trapear.
Cantinero: -  (sonriendo con desgano): Déjese de hablar estupideces compadre, que en el pueblo se dice que usted hasta tiende las camas cuando la comadre se pone fuerte.
Fausto: -  (poniendo cara de impresionado): ¿Quién dijo eso? Yo soy un macho compadre, yo no hago cosas de viejas, eso de limpiar y oficios es para ellas, para eso las trajo Dios al mundo, pues ¡para servirnos!
Cantinero: -  (desaprobando con la cabeza): Usted finge haberse quedado en el pasado compadre, ahora con eso del feminismo y la igualdad, la mujer limpia si quiere, sino, pone al marido, como lo ponen a usted.
Fausto: -  (molesto): Mire compadre, mejor sírvame un trago y deje de estar repitiendo los chismes del pueblo, en mi casa mando yo, y si mi mujer no le gusta, se aguanta, cuando una mujer se casa, sabe que tiene que obedecer al marido, Sino que se quede vistiendo santos.
Cantinero: -  (riendo ya con más ganas): Como habla estupideces compadre, seguro que viene a gastarse el dinero del mandado, yo no quiero problemas con la comadre Mara, así que mejor vaya a hacer su mandado y no venga a gastarse la plata aquí.
Fausto: -  (subiendo el tono de voz): ¿Y quién le dijo a usted que Mara puede decirme que hacer con el dinero? Usted si se nota que su mujer lo trae con la cuerda bien corta compadre, lo compadezco.
Cantinero: -  (burlándose): Si compadre, como le digo pues, mi mujer me trae bien sometido, al menos no me pega, eso hay que agradecerlo.
Fausto: Sírvame el trago pues ¿Va a pasar toda la mañana diciendo sandeces en vez de servirme?
Cantinero: - Bueno compadre, pero no me hago responsable, si la comadre se molesta, usted se echa la culpa.
El cantinero sirve el trago y cuando ya lo acerca a Fausto entra una mujer gritando su nombre.
Mara: -  (Gritando y en tono amenazante) ¡Fausto! ¿Me puedes decir qué demonios haces tú en la cantina?
Fausto: -  (petrificado y con los ojos muy abiertos por el asombro, aún de espaldas contesta en voz muy baja) Amor ¿Qué haces aquí?
Mara: -  (sin dejar de hablar fuerte y muy molesta): Eso pregunto yo, ¿Qué haces tú aquí? Yo te mande a comprar la comida para los cochinos, y en la casa hay una ruma de platos que lavar y hay que limpiar el patio, ¡Qué bello! Y el señor perdiendo el tiempo.
Fausto: -  (tratando de recuperar la dignidad): Bueno amor, pero tú no haces nada, podías lavar los platos al menos.
Mara: -  (indignada): ¡¿Qué?! ¿Qué dijiste Fausto? Y usted compadre de alcahueta
Cantinero: -  (excusándose): No comadre a mí no me meta, yo estaba limpiando la cantina y el llego solo aquí.
Mara: Te pregunte ¿Qué dijiste fausto?
Fausto: -  (asustado): Nada mi amor.
Mara: -  (Tomando su cartera y comenzando a golpear a Fausto) Párate de ahí y vamos a la casa, sinvergüenza, ya vas a ver cuando lleguemos, ¡muévete!
Fausto se levanta tratando de cubrirse de los golpes de Mara y el cantinero riendo los ve alejarse.
Cantinero (Gritando para que Fausto lo escuche y riendo a la vez): Así es compadre, no se deje que usted es el que manda ¡es un macho!
FIN
     

Mi historia de violencia machista

Cuando tenía ocho años caminaba hacia la tienda de mis padres en mi pueblo y un hombre de unos treinta años se acercó a mí  y me dijo cosas asquerosas que yo no podía entender, corrí a decirle a mi papá lo que había sucedido y fuimos a perseguirlo. Dos cuadras después lo señalé y mi papá se le fue encima, con una rabia tan grande que se le salía por los puños. Ese fue mi primer encuentro contra la violencia machista, algo simple comparado con lo que muchas niñas pasan.
Cuando tenía doce años caminaba por el centro de la Ciudad de México con “ropa apropiada” pantalones flojos, nada provocativo muy tapada y un hombre me dio una nalgada, sentí un coraje tan inmenso que quise defenderme y pegarle y el hombre respondió, mi hermano que tenía siete años me jaló para detenerme y solo por eso ese desgraciado no me golpeó.
Cuando tenía quince vivía en otro estado con mejores escuelas que el mío con mi hermana y una amiga, una noche, una vecina que asistía a nuestra iglesia empezó a tocar a la puerta como desesperada, su marido la golpeaba terriblemente, le dimos refugio por esa noche, su cara estaba sangrada y destrozada por los golpes, el marido pasó la noche entera afuera de nuestra casa gritando y la policía nunca llegó.
En las vacaciones de regreso a casa, nos íbamos en autobús y había asaltos y violaciones constantes y nos decían a mi hermana y a mí que siempre viajáramos con tenis para poder correr y que si nos iban a violar que mejor nos mataran, hasta la fecha sigo viajando con tenis.
Tengo amigas a las que sus novios han golpeado, primas que han sido casi asfixiadas por sus parejas.
Conocí a una prostituta que era prácticamente una niña que terminó en una bolsa de basura negra y nadie se inmutó ni hizo nada porque “se lo merecía” por el oficio al que se dedicaba.
He tenido que vestirme “apropiadamente” para “darme a respetar” he caminado con miedo en las calles, he estado asustada en el transporte público, estoy segura que cuando viajo sola lo hago con más miedo que un viajero del género masculino. Tengo primas que tienen la obligación de atender a su padre y hermano si su mamá está ausente. No he ido a lugares porque no tuve un hombre que me acompañara. He visto a incontables mujeres cumplir con sus “obligaciones de esposa” y adicional a aportar económicamente a la casa tener que encargarse de la comida y coordinar el aseo y los trastes y la ropa porque obvio, son mujeres, mientras el esposo ve el fútbol o toma una siesta o se sienta a gozar de sus “privilegios de hombre”. Varias empleadas que ayudaban con las labores domésticas en mi casa han sido víctimas frecuentes de la violencia a manos de esposos y maridos y algunas hasta de hijos.
Pensé en todas estas cosas cuando mi papá me preguntaba de donde nace en mi el feminismo, él no entendía ni yo misma por qué, si crecí en un ambiente supuestamente “libre de machismo” siento estas causas tan cercanas a mi corazón.
Siempre creí que se trataba sólo de empatía, y contestaba con un “es violencia hacia otro ser vivo independientemente de si es mujer o no, claro que hago la causa mía” pero faltó un examen exhaustivo para darme cuenta de que yo también he vivido la violencia machista y durante muchos años creí que eso era lo normal.
Así que, esta es la razón por la que este domingo voy a salir a gritar cuanto sea necesario para hacerles sentir a tantas otras que no estamos solas, a exigirle al gobierno la creación de políticas públicas que nos protejan. A pedirle a la sociedad un análisis de conciencia individual que les permita ver la manera en que contribuyen a este ambiente tan tóxico. Y que nos permita a todos darnos cuenta de que el problema existe, de que nos están desapareciendo, de que a muchas las oprimen y maltratan, de que tantas otras viven en hogares en donde corren peligro. No es lo natural vivir así, la violencia no debe ser nunca normalizada.
Salgo a marchar para protegerme a mí y a mis hijas aún no nacidas, por qué mis sobrinas puedan caminar seguras en la calle, porque no haya más vecinas en mi puerta suplicando sangrantes un refugio, porque las bolsas de basura se usen sólo para la basura, porque podamos vestirnos como se nos antoje sin hacernos así responsables de nuestras violaciones.
Salgo a marchar porque estar tranquila, habitar un ambiente seguro y estar vivas no deberían ser privilegios sino nuestro estado natural.
Vivas nos merecemos, vivas nos queremos.
Y tú, ¿cómo has vivido la violencia machista?

Comentarios

  1. Hola, estamos encantados de que hayan usado nuestra obra para este fin. Aquí dejamos la fuente original para respetar la autoría: https://www.obrascortas.com/obra-teatro-machismo-3-personajes/
    Saludos!

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